PRESENTACIÓN DE "RELOJERÍA ERÓTICA" DE UVEL VÁZQUEZ


He querido iniciar puntual esta presentación. Aunque el reloj de los organizadores no coincida con el nuestro, yo insisto en que debemos ser puntuales. Pero no en esa puntualidad exigente en la temporalidad oficinesca, sino en la precisión de estar en el lugar correcto y en la hora marcada. Y decir lo correcto. Porque nadie nos dice que debemos checar tarjeta a la entrada o salida de un cuerpo como los que señala Uvel Vázquez en su libro.
La poesía erótica tiene su génesis en creaciones históricas, desde la Biblia misma hasta el Decamerón de Bocaccio. No podría existir una antítesis de la misma porque la existencia de la humanidad le otorga la solvencia de formar parte de los sentimientos de los sujetos. No confundamos la poesía erótica con la pornográfica que esta última es la degradación, no del sentir y del pensar, sino del abuso literario. Abusar de la palabra es más pornográfico que la intención misma del autor por plasmar su sentir.
En el trabajo que hoy nos ocupa el recurso metafórico manifiesto desde cada párrafo poético comprime la ausencia, la soledad, la incertidumbre, la angustia, la zozobra y el fracaso. No es el poeta, ni el hombre el deseoso o el austero. Es el lector que captura las imágenes dispersas que posteriormente se aglomera en el inconsciente del mismo para luego escabullirse entre las veredas del placer. A final de cuentas, una sensación o emoción humana.
Uvel Vázquez ha integrado en su poética los pasajes del amor desesperado por reivindicar el cuerpo, no el cuerpo físico, sino el cuerpo que integra la percepción de la esencia de las emociones, intangibles, pero diáfano; disperso pero unitario. Ante esta dicotomía el autor se ve precisado a elevar a rangos celestiales la existencia humana, principalmente de la mujer, destino óptico de su idílica.
Plasmar la esencia de las emociones, del amor, del canto a la mujer a través del cuerpo, como lo hace Uvel, me rememora esa exigencia placentera que canta Borges en su poema “El amenazado” Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles./Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar./Ya los ejércitos me cercan, las hordas./(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)/El nombre de una mujer me delata./Me duele una mujer en todo el cuerpo.
O como Octavio Paz consigna la trascendencia del cuerpo en el poema “Cuerpo a la vista” Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo:/tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,/tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas,/tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,/sitios en donde el tiempo no transcurre,/valles que sólo mis labios conocen,/desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos,/cascada petrificada de la nuca,/alta meseta de tu vientre,/plata sin fin de tu costado.
Pero también Xavier Villaurrutia ensalza la condición de la corporeidad a través de su canto en poemas como Amor condusse noi ad una norte, Cuando la tarde cierra sus ventanas remotas..., en Décima muerte, en Décimas de nuestro amor, Mar, Más que lento, Nocturno de los ángeles, Nocturno grito, Nocturno mar, Nocturno miedo, Nuestro amor, y de manera preclara en: Nocturno de amor, por cierto, dedicado a Manuel Rodríguez Lozano y dice así:
El que nada se oye en esta alberca de sombra
no sé cómo mis brazos no se hieren
en tu respiración sigo la angustia del crimen
y caes en la red que tiende el sueño.
Guardas el nombre de tu cómplice en los ojos
pero encuentro tus párpados más duros que el silencio
y antes que compartirlo matarías el goce
de entregarte en el sueño con los ojos cerrados
sufro al sentir la dicha con que tu cuerpo busca
el cuerpo que te vence más que el sueño
y comparo la fiebre de tus manos
con mis manos de hielo
y el temblor de tus sienes con mi pulso perdido
y el yeso de mis muslos con la piel de los tuyos
que la sombra corroe con su lepra incurable.
Ya sé cuál es el sexo de tu boca
y lo que guarda la avaricia de tu axila
y maldigo el rumor que inunda el laberinto de tu oreja
sobre la almohada de espuma
sobre la dura página de nieve
No la sangre que huyó de mí como del arco huye la flecha
sino la cólera circula por mis arterias
amarilla de incendio en mitad de la noche
y todas las palabras en la prisión de la boca
y una sed que en el agua del espejo
sacia su sed con una sed idéntica
De qué noche despierto a esta desnuda
noche larga y cruel noche que ya no es noche
junto a tu cuerpo más muerto que muerto
que no es tu cuerpo ya sino su hueco
porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte
y es tan grande mi frío que con un calor nuevo
abre mis ojos donde la sombra es más dura
y más clara y más luz que la luz misma
y resucita en mí lo que no ha sido
y es un dolor inesperado y aún más frío y más fuego
no ser sino la estatua que despierta
en la alcoba de un mundo en el que todo ha muerto.

En tanto que Uvel destaca la trascendencia de la corporeidad en Reyna Roja Tus poéticos ojos/Tu boca de guanábana/Tu vientre dulce como uva/Tus pechos como pirámides egipcias/pecosos como pera/Tu ombligo/Como una larga calle de miradas/Despiertas deseos/Tus nalgas/Cántaros llenos de tiempo/Lucen en la calle despiertas/Y despiertan placer/Y agitan los deseos/Esos de los que te imaginas/¡Ah tu cuerpo mujer/Antoja, vaga, flota/Frutas al aire!/¡Pides el suave frote/¡Del hombre que no descansa!
El cuerpo se convierte en la excusa magnánima para la creación, comprime la visión lírica de Vázquez en entregar la alegoría hacia el ser, que no al objeto. Por ello, “Relojería erótica” cuenta segundo a segundo los episodios de los amorosos, de los que aman y se dejan amar. Un horal, como el de Sabines para rubricar la ruta erótica.
Lo trivial y mundano no tiene cabida en este documento de “Relojería erótica” porque trasciende en la sinonimia puntual, pausada y precisa de las horas. Pero en las horas no contadas, no señaladas, sino en las horas de espera, de sollozos y sueños que cobijan la esperanza y las ilusiones del amado. A final de cuentas, nosotros los amados.
No podemos censurar una manifestación natural. Lo antinatural sería callar, opacar una voz, cerrar la oportunidad de ilustrar las percepciones. Por ello no debe confundirse lo prosaico y escatológico con la enunciación del canto al cuerpo femíneo. Quienes se dedican a hacer política deberían leer “Relojería erótica” porque desde el momento que la política atiende la percepción y sentir de los sujetos sociales, este poemario trasciende más allá de la intención del voto en las urnas y es mucho más humana que cualquier oficiante de la política que quiera censurar este poemario de Uvel Vázquez.
Muchas Gracias.

Mtro. Isaac Castillo Hernández

UN APLAUSO A LA CARRERA


Agradecemos a nuestros seguidores. Seguir los pasos de alguien es una decisión muy apreciada. Seguirnos es seguir el rumbo de una verdad. No la absoluta. Pero una verdad. Y nuestra verdad está apegada a la verdad de muchos. A veces de los que no pueden hablar o no se les permite decir algo. Por ello, esta verdad que surge desde aquí y ahora es una verdad del espíritu de quienes estudiamos la literatura y el lenguaje.
Ser universitario es ser una posibilidad. Ser unachense es un alto honor. Ser de la carrera de lengua y literatura lo es todo. Por ello, ahora que nuestra licenciatura obtiene la acreditación del COAPEHUM acredita en muchos rubros. Acredita como un programa de estudios que ha sustituido el encono y el odio por la disposición de colaboración y la tolerancia. Acredita como un programa que su objetivo principal son sus alumnos. Acredita como un programa en donde sus alumnos y maestros se reconocen, se aceptan, se toleran.
Soy un convencido que la acreditación no se reflejará llanamente a nuestra carrera. Que el alumno o el maestro no obtendrán directamente beneficio tangible. Que hay que cumplir con este requisito de la política educativa. Pero lo que más me satisface y llena de orgullo es que el proceso sirvió para unificarnos. Que este ejercicio fue un reto que nos permitió superarnos en otras esferas inimaginables. Que ahora más que nunca, podemos vernos de frente y estrechar nuestras manos o nuestras mejillas con un beso.
Yo tuve un sueño al inicio de mi gestión como Coordinador de la carrera. Que nos viéramos directamente a los ojos, que nos reconociéramos como lo que somos, como humanistas. Tal vez me faltaron argumentos y soluciones a muchos otros problemas. Pero lo más importante es que seguimos andando. Aquí están estas manos que quieren abonar a trascender una carrera igual de joven que nuestra propia Universidad. No se imaginan el gran amor que profeso a mi licenciatura, y el gran aprecio que me merecen mis alumnos y maestros.
Ese aplauso motivado por la Maestra Chávez en el acto de acreditación no fue para mi. Fue un aplauso a la carrera. Fue para todos y cada uno de nosotros. Alumnos y maestros. Porque estoy cierto que ante la ausencia de una representación genuina de nuestra licenciatura en el presídium, hallamos la excusa perfecta de sentirnos cobijados ante la mención de uno de los nuestros. Por ello, el estallido de las palmas que revolotearon como blancas palomas por toda la Facultad de Humanidades, fue un descarga de júbilo, de éxtasis en el maremágnum de emociones depositadas en nuestros corazones; que alienta, que motiva a seguir por el sendero del conocimiento literario y del lenguaje.
Gracias a quienes han contribuido a dejar viva a nuestra carrera. A quienes, sin proponérselo, nos han fortalecido con el halago o con el vituperio. A mis maestros apreciados, quienes han dado todo lo que tienen y todo lo que saben. A nuestros alumnos, nuestra razón de ser. A quienes han dado lo más importante para que tengamos como alumnos a sus hijos: a los padres de familias. A ellos dedico este reconocimiento porque también han creído en nuestra licenciatura y porque también han estado atentos a este proceso.
A todos quienes directa o indirectamente han tenido que ver con nosotros, en verdad, muchas gracias.

Mtro. Isaac Castillo

PARA CREAR UN UNIVERSO AL INTERIOR DEL FUEGO


Por Enrique Hidalgo Mellanes

Cantar del fuego (Coneculta, Conaculta, 2012), es la obra reunida de Uberto Santos (Chachi, Venustiano Carranza, Chiapas, 1960). Contiene trece poemarios. Sigue el trazo histórico de la creación. Por lo tanto, el lector percibe el desarrollo poético de quien escribe y el encuentro con las cosas y los fenómenos que se presentan.
Esos fenómenos, es decir, todo aquello que es perceptible, atrapado por las experiencias del poeta se contienen en los textos. El texto es un recipiente donde la vivencialidad se vierte como un rico puchero de gallina de rancho o bien como ese cauce donde el agua canta y se divierte sin importarte que la luna lo observe y se enamore.
Los textos de Uberto siguen tres grandes líneas poéticas: la sensualidad del fuego, el ritmo del agua y la quietud de la tierra. La sensualidad del fuego se fundamente en la fuerza con que es capaz de entrar y seducir a las cosas donde ha estado la vida. Las pasadas vidas retornan con el crepitar, con el cantar. Ese pequeño ruido como crujir del fuego en realidad es la voz más intensa y sensual cuando el espíritu decide percibir el cuerpo del otro.
El fuego lentamente transforma con caricias toda aquella cosa quien cede su cuerpo para ser otra cosa. El poeta percibe ese contacto ante su presencia. Esa relación fenoménica se evidencia en su postura de poética, de manifestación continua. Pareciera ser que el fuego presentado por Uberto fuera de mucha antigüedad.
Sé que no es el fuego de los griegos ni es el fuego descubierto por el hombre. Si no es el fuego del rayo, es el fuego escondido entre las piedras y las montañas. Hacia ese momento de origen invita la poética de Uberto Santos, el “hijo de la lumbre”. Dice el poeta “si alguien me tocase, ¡quemo! / si alguien me soplase ¡ardo!” .
La otra línea o surco poético es el ritmo del agua. Somos sólidos y líquidos. Nuestros cuerpos son más que líquidos. De ahí esa exquisita comunión con el agua de los ríos, del mar, los arroyos y la lluvia.
El poeta se asombra ante las cotidianidades. Nada se presenta dos veces de la misma forma, en el mismo tiempo, territorio y espacio. El agua no se mueve sin ese espíritu quien la acompaña. El agua siempre está deseando ser abrazada. Por eso, cuando se presenta ante el poeta no pide autorización sino simplemente arrebata el estimulo para incitar a la acción más inmediata: la caricia más excitante, casi la muerte. Es la pequeña muerte de la ensoñación. El ensoñador escribe que sus padres fueron los árboles plantados junto al río donde el agua parpadea y tiembla.


En esa ensoñación, el agua se orienta a crear su propio movimiento. Es una danza delicada, erótica, sensual. El agua entrega todo su cuerpo al poeta porque sabe de lo efímero de su presencia. Cada contacto con la experiencia transforma la mirada del poeta. El agua corresponde a la seducción y cede ante el encantamiento del poeta.
El poeta Uberto contempla a la tierra. Desde historia personal está unido al territorio, los días y los años de su vida poética la perciben como surcos para el maíz donde el arado y la coa viajan con fuerza para hacer de ella una dama telúrica.
La tierra aparece como depositaria de los sentimientos ya sean con el paso delicado de la voz hasta el coraje capaz de hacerla temblar. Uberto muestra su voz de mando, la voz de los hechiceros antiguos quienes enunciaban acciones y se cumplían. La voz del encantador de territorios, quienes marcaban fronteras, limites y eran capaces de  crear montañas y transformase en tapir, tlacuache o viento.
Sobre la tierra la voz poética recuerda que algún día tuvo vientres años, una dama, un hijo y un perro que diariamente le ladraban. Pero también se sabe de la infancia ida cuando jugó con su cuaco de madera quien relinchaba con gran furia y conquistó muchas veredas y  de n gran  salto fue capaz de cruzar de montaña a montaña. Dice la voz del fuego:
Nací en chachi, al margen del río grande. De niño conviví con las iguanas, con las culebras, con los perros del agua. Todos los días trepaba al cerro del Ishcán y disfrutaba el canto de las pavas, barullo de pericos era nuestra casa. Parvadas de perdices rondaban  por los patios. (Santos, 2012:87)

Me pregunto: ¿solo puedo encontrar tres surcos poéticos en la obra reunida de Uberto Santos? Por lo pronto y para esta internalización primera, si.  Supongo que para otros lectores se pueden encontrar con las figuras construidas por el atrevimiento poético, el asombro que surge de una imagen en una sombra del sol o de la luna.
Otros lectores, posiblemente alcancen a escuchar el paso de agua, el calor de fuego, el temblor de tierra y ese rico aroma desprendiéndose al caminar del arado junto ese sol intenso del mes de marzo. O bien, en su corazón brotará una rama pequeña de flores encendidas por el universo del fuego interno, por la poesía.

*Texto leído el 8 de noviembre de 2012 durante la Muestra del Libro Chiapas – Centroamérica 2012 llevado a cabo en la Biblioteca Central “Carlos Maciel Espinosa” de la Universidad Autónoma de Chiapas. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

EL INVESTIGADOR MARIO NANDAYAPA LLEVARÁ SERENATA ÉPICA A CHILE

por Karla Barajas
Mario Nandayapa, investigador Chiapaneco, dictará la conferencia “Serenata épica de Neruda a México”, el viernes 6 de julio, en la Casa Museo Isla Negra de Pablo Neruda. El coloquio abordará la presencia de Neruda y su relación con nuestro país.
Es, además, el avance de un libro con información inédita y de relevancia; iconografía, fonogramas, textos periodísticos, poemas, discursos, bibliohemerografía… Contará con tres prólogos de autores reconocidos en Chile y en el extranjero; Manuel Jofré, Poli Délano y Antonio Skármenta.
En esta investigación se descodificarán los discursos de y sobre las obras emitidas a acerca del poeta chileno a través del análisis de recepción, para ofrecer un nuevo tratamiento del discurso de Neruda, contribuyendo al cambio del discurso en la crítica literaria que se ocupa en México y Chile, en los ámbitos temáticos, interdisciplinarios y metodológicos, sintonizando éstos con los cambios epistemológicos recientes.







-Soy miembro del Sistema Nacional de Investigadores y catedrático de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH),- dice el también poeta, quien actualmente cursa estudios Postdoctorales en la Universidad de Chile y la Fundación Pablo Neruda-,  así que el rector Jaime Valls Esponda, sabe que el reto permanente de la Universidad es preservar y elevar la calidad educativa para que la institución continúe a la vanguardia académica y se consolide como una de las universidades más importantes de México, por ello beneficiaron varias propuestas de investigadores, entre ellos la mía, en  el Programa Institucional de Estímulo a Investigadores de Calidad (PIEIC) y el Programa Institucional de Aseguramiento de la Calidad del Posgrado (PIACAP) en su convocatoria 2012.
El libro  “Serenata épica de Neruda a México (Selección, presentación y notas de Mario Nandayapa)”, será publicado por el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma de Chiapas, y se presentará en noviembre de este año, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ya que Chile será el país invitado en esta emisión.
-La obra se difundirá en México y Chile, y con ello se fomentarán los estudios culturales y las relaciones diplomáticas entre ambos países. Es difícil estar en una tierra que no es la mía, me encuentro trabajando intensamente, pero la cuestión es regresar a Chiapas con nuevos métodos y herramientas teóricas  metodológicas adquiridas en  los estudios postdoctorales, a fin de aplicarlas en nuestra Patria Chica, como en la Patria Grande, que es México. Es uno de los objetivos que se persiguen en la presente propuesta investigativa, además de la edición del libro.
Doctor Mario Nandayapa, entre 2005 y 2008 usted participó de forma presencial en el programa de Doctorado en Literatura en la Universidad de Chile, además del capital cultural obtenido del cual “Serenata épica de Neruda a México” es una muestra, en términos de capital social, ¿cómo benefició esta interacción con académicos chilenos a su trabajo?
-Me permitió interactuar con importantes investigadores de ese país, como el escritor y académico Dr. Manuel Jofré, quien funge como el Investigador Anfitrión de los estudios Postdoctorales que realizo actualmente tanto en la Universidad de Chile como en la Fundación Pablo Neruda. Jofré es un investigador de prestigio que se encuentra trabajando sobre la obra de Pablo Neruda, aunado a ello es director de la Fundación Pablo Neruda.


“A lo anterior sumo el fortalecimiento de mi quehacer investigativo a través del trabajo con un equipo de investigadores de alto nivel de Chile incidir en el proyecto del Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI), de tal manera que el presente proyecto contribuirá al proceso de consolidación del Cuerpo Académico “Estudios Literarios y sociales”, del que soy miembro, de manera que incide en el alcance de los objetivos y metas del PRODES 2011-2014.”

MI PRIMERA LECTURA DE AURA, NOVELA ESENCIAL DE CARLOS FUENTES

Por Ricardo Cuéllar Valencia

Para José Francisco Nigenda, narrador y poeta a quien Florentino Pérez y Pérez por su autoridad académica e intelectual deberá proponer a este  escritor al Premio Chiapas. Va todo mi apoyo, indeclinable, queridos amigos.

En abril de 1970 leí por primera vez Aura de Carlos Fuentes. El esplendor de lo obscuro, lo presencial de lo fantasmagórico, el  lenguaje cifrado del sueño, el erotismo de un hombre y una mujer jugando en un encuentro surreal y, en su conjunto, lo poético, me subyugó  permitiéndome entender que los grandes descubrimientos del romanticismo seguían tan presentes como inocultables, que los románticos son nuestros contemporáneos.  Se lo comenté a mi mejor amigo -de toda  la carrera de sociología-, Hernando Arango Viana. Él se interesó más por la forma de poder que representa la tía de Aura, Consuelo;  y, de inmediato me comentó: -lo que realmente le importaba al  novelista en el momento de escribir  fue la presencia autoritaria femenina. No estuve de acuerdo, totalmente. Era un domingo. Con frecuencia llegábamos, cada fin de semana,  al parque Bolívar, frente a la catedral Metropolitana de Medellín, a escuchar el concierto de la Sinfónica. Pasábamos, casi siempre, a un costado, a una heladería, Picadilli, pedíamos, como era nuestra costumbre, tés fríos y helados  y continuamos la conversación.

- Mira, le dije: todo lo que hace, dice y piensa la  joven muchacha Aura nace de una educación sentimental propia del siglo XIX, o más exactamente se trata de una novela de corte gótico. Las simbolizaciones  son muy precisas. El muchacho ha sido contratado para leer documentos y escribir sobre la vida del militar que fue el padre de Consuelo. El tiempo y el espacio se presentan en claros-oscuros, digo, todo ello confluye en una casa nocturna: la mesa del comedor, las recámaras, los pasillos, las formas de vestir, los tapetes y  hasta el aire y las luces son de ese siglo, incluso, no dudo,  anteriores. Obvio que los sentimientos y la manera de pensar de los personajes son propios de una aristocracia cimentada en una tradición colonial, en el centro histórico de la ciudad de México. Y comentó Hernando: -me gusta tú análisis; pero concrétalo, con mayor  precisión, mi querido poeta. A eso voy, distinguido profesor.

Saqué mi libreta de  apuntes y con una inconfundible emoción  mirando  los ojos de mi amigo, plantee lo siguiente: La novela está contada en segunda persona del singular, desde el  presente y el futuro, por un narrador omnisciente, es decir, por un narrador que todo lo sabe, a tal punto que el narrador cuenta,  parte de  la ficción en futuro, como si ya supiera lo que va a ocurrir, cosa nada difícil de comprender si no olvidamos que se trata de personas-personajes que viven en un tiempo circular, repetitivo.

El estilo de Carlos Fuentes en Aura logra una factura literaria tensa, de estricta economía de palabras, de frases donde lo que cobra profunda significación  es la sugerencia. Lo que he llamado novelización  gótica se puede entender desde la lectura de una obra pictórica de Rembrandt, dado que ese tiempo se expresa por medio de la primacía de fondos negros,rostros opacos,  cuerpos de escasa luz, como tu bien lo sabes, Hernando.

-Excelente. Ya se para dónde vas. Continúa.

- Sobresalen dos elementos en ese ambiente encerrado, casi asfixiante: el olor. Si Rimbaud disfrutó el sentido de la vista, Fuentes se deleita en esta novela con el olfato. Siempre huele a húmedo, a  viejo, a musgo, a raíces podridas, a encierro. Logra una exquisita exaltación del olfato. Recordemos, además, la presencia de elementos aromáticos que logran crear un soporte sistémico y un tono real -desde la irrealidad- a la ficción. Esta  es una herencia cervantina, bien asumida.   El otro elemento articulador de este discurso narrativo es el color verde. Nos encontramos con el intertexto de mayor presencia dentro de la narración, en tanto aparece con dos denotaciones diferentes y convenientemente marcadas. El más inmediato y revelador es el verde en el vestido de Aura, varias veces referido como la bata tafeta y el verde de sus ojos. El verde es un símbolo que inequívocamente se refiere a la vida, a la magnificencia de las plantas, a la presencia del bosque o el jardín: y por supuesto, en referencia directa a la juventud, a esa juventud viva en Aura y ausente en la flaca Consuelo, amiga de los gatos, también de ojos verdes, ahora enigmáticos.

 En un juego literario que llamamos metonimia Fuentes, en un momento preciso de la narración, en el que el joven historiador Felipe, enamorado, o mejor visto, deseante de Aura, al observar las antiguas fotografías que ha sacado de un baúl, por donde rondan ratas, y las imágenes de la tía y la sobrina, aquí en la narración, logra identificarlas, a una, en la imagen del pasado y, a la otra, en la memoria inmediata,   al mismo tiempo que se confunden o transfiguran mutuamente la una en la otra.

Así pues que el verde como símbolo es trabajado o creado literariamente por el escritor sobre diferentes objetos, para figurar el paso del tiempo, la imagen principal es la de esa tía, Consuelo, ya vieja. De Ahí la necesaria presencia al interior de la casa del musgo verde, del bronce verdoso. El moho verde se esparce por el cuerpo de Consuelo. Por medio de la metonimia, el juego de espejos o los cruces de las dualidades el escritor logra crear varios espacios, varios tiempos, varios cuerpos, varias realidades, en el pasado y el presente, y aún en el futuro, con una magnifica prosa pulida por la imaginación erótica y la presencia de lo fantasmagórico de múltiples y ricas significaciones.

-Bien, amigo. Eres preciso. Todo lo que has descrito no es más que la presencia de los elementos muy bien detectados y destacados por ti que nos permiten, por otro lado, desde otra perspectiva, ver que el personaje viejo, Consuelo, por sus atavíos, palabras, gestos, actitudes no es más que la simbolización de la presencia autoritaria femenina, no sólo mexicana, es, en lo fundamental, hispanoamericana. Gracias por destacar los elementos literarios que le dan vida a esa presencia autoritaria que se reproduce desde ese juego de espejos que señalas, entre la vieja tía y la joven sobrina, que precisamente en un momento la joven la vemos vieja y a la tía joven y bella. Allí está planteada toda la mecánica de la reproducción de esa presencia autoritaria femenina de la que hablo.  Nos complementamos querido amigo, por eso me gusta reunirme y  hablar contigo.

Así  mis encuentros con aquel querido amigo. Así mis lecturas literarias desde los estudios de sociología. Y las lecturas históricas de la literatura. Vale.