OJOS DORADOS DEL CUERPO. CORPOREIDAD Y DESPLAZAMIENTOS. ANÁLISIS DEL LIBRO “OJOS DORADOS DEL CUERPO”, DE RICARDO CUÉLLAR VALENCIA.

Por. Derly Recinos De León
El método podría decirse que está compuesto por dos formas de acceso puestas en juego. Por una parte la semiótica, la cual ejerce cierto imperio en el uso de figuras no necesariamente retóricas, sino y también de palabras en su estado de figura; por otra, la teoría de la recepción: acto que permite al narratario ser narrador del sentido. Hibrido que devino en una metodología de anarquismo receptivo. La herramienta de acceso al acontecimiento lectivo es el ojo, en su devenir como mirada o en su estadio de mirada dirían algunos disciplinados. Mirada inscrita en un énfasis específico: el de la intuición, intuición de la que habló Kant y Carnap -a priori- . En este sentido el ojo, ahora, mirada es un órgano en bruto que se desplaza por un escenario gráfico para obtener de ese escenario el acontecimiento y nada más. La herramienta (el ojo) más el método (el híbrido) dejan abierta la posibilidad de decir que la presentación de este texto es resultado de una mirada intuitivamente semiótica, que a la vez que niega la semiótica la intuye, como si la intuición se negara a si misma en la semiótica.

Como la mirada selecciona y discrimina, preferí por designio del ahora sentido ya dicho, dar significado al cuerpo y a las combinaciones presentes y no presentes, pues los cuerpos vistos al leer pueden solo ser producto de alucinaciones, de espejismos de una mirada en delirio. Cómo se organiza un cuerpo textual, cómo se hacen presente a través de la lectura otros cuerpos y cómo se combinan y subordinan y yuxtaponen, incluso, cómo desaparecen o hacen desaparecer otros cuerpos, esta acción se nombra en el presente texto como desplazamiento, tanto de los cuerpos como de la motriz lectora. La presentación en su batalla resultó con el título de Ojos dorados del cuerpo. Corporeidad y desplazamientos

He llamado corporeidad a uno de los frentes del escrito, por todos los cuerpos que se inventan o se reconocen en el texto, y desplazamiento porque las invenciones no son más que extensiones del mismo cuerpo, del cuerpo que crea, digamos, de quien escribe: el poeta. En este sentido, corporeidad y desplazamiento enunciarán la formación a fuerza de palabra de un Ser que tendrá la misión de desplazarse por la memoria de quien escribe, la memoria histórica y la afectiva, y que el lector descubre en los poemas pues son éstos un pasaje que permite acompañar en la pasión al poeta.

El libro se convierte en un sendero gramatical que desemboca en la vida a propósito de la muerte. Un viaje que si bien pone a salvo el pulso del presente, retorna y avanza hacia el pasado, retrocede al avanzar pues el destino es un episodio de la memoria afectiva, cuya figura temporal por donde transita la emoción es el cuerpo (pretexto y medio poético; emoción e imaginación, respectivamente). El cuerpo es una extensión de lo negado, de las salientes del pensamiento que acuchillan las vísceras, de la experiencia que renace como literatura, porque “la experiencia no es un estado ni una sustancia, sino un proceso y una interrogación acerca de nuestro pensamiento, de lo que éste es y de su devenir” (Foucault).

Cito:
Hay un pensamiento que fluye y
Oculta con su orden y desorden
El agua fresca que nace en la fiebre
De los sentidos del cuerpo
La poca luz de la vela o la claridad del relámpago

Hay un pensamiento que busca lo fijo en el espejo siempre
Algo se le escapa en el suspenso
En la esponjosa duda
En la palidez de lo verdadero y sombrío de lo falso


El fragmento del poema es un episodio que se funda en el interior de un cuerpo (el del poeta), que germina en figura de la memoria, puesta en el exterior como superficie verbal, como cuerpo del cuerpo [corporeidad], que a la vez que asesina vigoriza. Mata al ser que sufre, al mismo tiempo, alienta a otro que culminará en sufrimiento. La desinencia del dolor va de un cuerpo carne (Greimas) a un cuerpo palabra para purificar el cuerpo presente:

Cito:
Con la mirada del misterio
Con los dedos de la magia
Entre rezos y cantos secretos
Convocaciones e innovaciones
El artista brujo
El artista cantor
Labraba la piedra elegida
Labraba el hueso del animal sagrado
Labraba el marfil acerado nocturno


Los mitos dice Gadamer, son los que nos interpretan, de tal forma que a través de ellos nos conocemos, no son ellos el resultado del conocimiento. Por esta razón, mítica, que no mitológica, el discurso poético es el conocimiento de la emoción del cuerpo: sus necesarias muertes. Un cuerpo que agoniza y que expulsa su agonía en la invención de otro cuerpo, uno que nacerá como esencia de lo agónico para asesinar la agonía con su muerte. Nace, aquí, por necesidad, una figura heroica:


Cito:
Surgió en el canto rodado del río
De cabeza y piernas angulares:
Garboso símbolo de la vida naciendo

Se establece, quiérase o no, por medio de la palabra, el mundo de referencias de quien escribe, el poeta. El ser afectado al cual se timiza es alguien que nace no de los dioses que se reúnen y deciden, sino de las diosas, las Venus de Laussel, de Sivignac, de Willendorf que son reunidas a voluntad por el poeta que es el doliente. Por ellas la piel que se concede al nuevo ser se feminiza, una piel que absorbe los malestares, los flujos irritantes, al mismo tiempo que prolonga el universo de su pensamiento; es la frontera entre el mundo y los sentidos: un umbral que marca a un ser que afecta y se afecta

Cito:
Que es posible construir con la vida y las palabras
Una estancia
Donde encontraremos descanso de la zozobra
Del miedo y del terror
Con las exactas palabras del poema
Que saben de la maravilla del mundo
Y nombran al dolor como una ciudad sin gobierno
Y designan al cuerpo como casa del saber

Y con este cuerpo se entra a la vida. Un ser que conoce se lía, gracias a una separación, a otro que siente: el que siente refleja lo que conoce, el que conoce se refleja en el que siente [poeta y texto en junción y dependientes]. Jamás podría haber conocido lo que sintió, sino hubiera puesto frente a él lo sentido. Se diría que el ser que conoce se extiende [y por eso conoce], y hace todo lo posible por extenderse, para poder ver lo que en su memoria se guarda como fragmento de la emoción.

Cito:
Ahora la oreja la sien la cárcel la locura
El señor de la cordura no entiende
El esbelto señor del pensamiento
Sólo se entiende a sí mismo
Venerable por su sabiduría
Fabrica polvos ácidos y pantanos
Cada vez que lo observo lo veo pulcro y maniático
De gala y espada


Digo que el poeta en su sicosis crea un sicótico. Una sola identidad que se transformó: un ente agónico que para revelarse se oculta

Cito:
Algunos han elegido descubrir el espíritu
Sobre los follajes del sueño
Y ver y oler y palpar y gustar y oír
La música que inventa la luz de los sentidos
Al reconocer el cuerpo encantado del otro
En el éxtasis y el delirio el asombro o el olvido

Se disponen los sentidos, la piel trasluce como umbral tanto las inflexiones del mundo como las de la carne, se pasa de una escritura del cuerpo al cuerpo mismo de la escritura. Se distiende gráficamente la organización erótica de las fronteras entre lo que se siente y el que siente

Cito:
El olfato escudriña la memoria del mundo
[…]
La fragancia nace en la piel de los amantes
Es signo y fuente, estancia y recorrido de la memoria
[…]
Palpar
Es ver las vibraciones
En los tejidos de los objetos

[…]
La mirada irrita el gusto en cada colina excitación
[…]
El gusto es afín y fiel a las lujurias de la mesa y la alcoba
[…]
El oído de los matices de la luz
Que fluyen en las músicas del cuerpo


La boca como la voz, como la oración, como el canto es el signo físico, el arma simbólica que es el fin por el cual las diosas le han creado. Contar, cantar para evocar, resguardarse y reguardar al doliente hombre de conciencia, ahora, con plena conciencia afectado. La boca es, a la vez, vientre y cueva, pasaje indiscreto y húmedo por donde fluye la vida

Cito:
La boca no tiene fin en la boca
Larga ovalada cerrada
La boca tiene hambre
Cerrada o abierta
[…]

Y que ahí se le introdujo
Boca abajo
Deslizándose en lo húmedo.
Y que ahí se le introdujo
Boca abajo en el orificio

El cuerpo sintiente crece y reconoce, pero reconoce su propio sentir y se aflige, como Novalis, como Nerval, como Hölderling. Sensual se vuelca sobre sí hacia una mujer hasta inflamar el deseo

Cito:
Y su voz vio el cuerpo
Sólo en las brumas amorosas del deseo
Apenas en el deleite

Bello corazón amante en los delirios

La primera organización de cualquier espacio textual recuerda Farrater, “está fundada sobre una tensión visual, un contraste elemental con que se instaura el campo perceptivo, la identificación de una figura que se destaca sobre un fondo”. Se traza el único horizonte, que se articula en el experimento del riesgo: la prueba de la carne; el amor frente al cuerpo, carne y alma que responderán a un flujo inequívoco de quiebres

Cito:
Cadalsos
Azotes
Naufragios
Migraciones

Asaltos y venenos
Aguas sin lecho
Petrificaciones
Maceración
En los púlpitos parlantes
Catecismos y fugas
El pecado se volvió deleite
Entre los desesperados

Pecar era
volver a ser

Se descubre el destino de inventar: la catarsis. El poeta y el cuerpo caen: en el recuento el primero y en la novedad el segundo. En el abismo de la caída se funden como una instancia uniforme el creador y lo creado: el que conoce y el que siente

Cito:
El deseo es un saber soberano
A veces meticuloso perverso y mortal


Al develar su intimidad se vuelca sobre el cuerpo. El ritual alcanza a cruzar el umbral del mito, se desplazó del vientre de la muerte al útero de la vida. Toma la vida control de sí misma y guía su destino. Parturienta la vida da curso al ser presente, que es otro ser ya, con otro cuerpo, dispuesto a volver a sentir

Cito:
Nace del cuerpo otro cuerpo
Es parto de los sentidos en cada sentido

Un agua muy acuosa como de sangre
Resbala en los músculos y nervios


[…]
Y el cuerpo azul encarcelado
Por luces y fuegos
Voces y ruidos
Ausculta sus más secretos silencios
[…]
De las muertes del cuerpo nace otro cuerpo
He aquí un cuerpo muerto que inicia su canto